lunes, 25 de mayo de 2009

"EL ALCALDE SE CALLÓ"

“En lo alto de la loma canta un gallo
Dice quiquiriquí y se cayo”

“En lo alto de la loma canta un gallo
Dice quiquiriquí y se callo
Anti poema

La riqueza del idioma español es infinita, lo mismo que su ortografía, razón suficiente para comprender que no todos estamos en capacidad de conocer todos sus vericuetos. La razón de que existan correctores de estilo y ortografía, hacen más llevable la pesada carga que el idioma nos impone.
Lo anterior lo explico poniendo en consideración el “anti poema”, que antecede este escrito, así:
El poema es rítmico lo son: gallo y callo, este ultimo sin tilde, porque de ser con tilde, desaparecería el verso y entonces diría que el gallo se calló, o más bien se silencio, pero callo sin tilde significa: dureza que por presión, roce y a veces lesión se forma en los tejidos y usando la “y”, sucede los siguiente:
Gallo y cayo, esta última sin tilde construyen el verso con rítmica pero cayo significa: cada una de las islas rasas, arenosas, anegadizas, el anti poema busca que cayo signifique, caer.
En conclusión: cayó es del verbo caer y calló del verbo silenciar, pero en los anti poemas se escriben ambas sin tilde y dan la sugerencia de caerse o silenciarse de acuerdo a si son con y o ll.
El cuento que a continuación voy a narrar, necesitaba de esta aclaración como sucedió con el anti poema.
I
En mi pueblo existe la manía de tumbar a los alcaldes, siempre ha sido así, no obstante que esté haciendo un buen gobierno.
Alguna vez trabajé como funcionario de la alcaldía, desempeñando un importante puesto, por lo que debía estar muy cerca del mandatario, conocía de la disposición de su gobierno por hacer cosas importantes para su pueblo y lo primordial era el afecto y cariño con que sus gobernados lo trataban y mientras más pobres fueran ellos, la adhesión sobresalía.
Sus enemigos políticos, no le perdonaban ninguna y no dormían buscando que las autoridades judiciales y de contraloría en cualquier momento produjeran el acto que lo destituyera, las oficinas de estos funcionarios vivan atiborradas de papeles donde las acusaciones y señalamientos de malversaciones del erario público, no faltaban.
Estos amigos se la pasaban en la ciudad capital, esperando la ansiada noticia del derrocamiento y para su infortunio nunca pasaba nada.
Un día al amanecer, escuche el estruendo de la pólvora, algo que solo sucedía cuando el poblado estaba de efemérides o era el día del patrono o de una virgen de la religión del pueblo, pero nada de esto ocurría, lo que hizo que tuviera que esperarme hasta que las oficinas de la alcaldía iniciaran las horas de atención al público.
Antes de acceder a mi lugar de trabajo, me tome un tinto en el café del parque, donde tuve la oportunidad como frecuentemente lo hacía de charlar desprevenidamente con los contertulios del lugar. A uno de ellos le hice como era lógico la pregunta ¿Cuál es el motivo de la celebración de la alborada? El amigo me respondió. Hoy destituyen al alcalde y sus enemigos están iniciando la celebración.
Pasaron las horas, los días y las semanas y al alcalde no lo destituían y termino su gobierno, dejando plantado a sus contendores, pero para fortuna del poblado hizo una buena administración que las gentes siempre le agradecieron.
II

Años después, se suscito un intenso debate para lograr la alcaldía, dos ciudadanos se disputaban la simpatía del electorado, la lucha fue extremadamente intensa, pero alguien tenía que triunfar.
El ganador, hizo lo contrario a lo que debe hacer un zorro político, siguió persiguiendo a sus contrincantes, los que como consecuencia iniciaron la mas férrea oposición. Cualquier insignificante acto era considerado como la más deshonrosa conducta y por su acción se llenaron los distintos tribunales con infinitas acusaciones.
Un buen ciudadano alejado de los tejemanejes de la política divisionista instaurada en el poblado, lidero el proceso de revocatoria, contemplado en el ordenamiento jurídico sucediendo dos hechos que bien vale la pena resaltar.
Un día antes de entregar el caudal de firmas recolectadas por las gentes, en reunión de los amigos de la revocatoria, se acordó guardar extremo silencio, para ignorar acciones anteriores sucedidas en actos similares, es decir se proscribió el uso de pólvora y bullicio.
Eran las dos de la tarde, la comisión encargada de llevar los folios exigidos por la ley, se presentaba en la oficina del registrador, observando de acuerdo a lo dicho un riguroso silencio, cuando de repente se inicia el más estruendoso ruido de pólvora. Los presentes no perdieron la compostura, sus caras se aterraron por lo que estabas sucediendo. Desde la alcaldía se abrían las puertas buscando al autor intelectual del suceso, cuando la sorpresa fue mayor, era los amigos de la administración imperante, que con la pólvora celebraban las vísperas del aniversario del poblado.
III

Los opositores al régimen, vivían desconcertados, pues sus demanda hechas por montones, no surtían efecto. Un día llego el chisme, que el burgomaestre debía ser suspendido por un largo tiempo y allí, fue Troya, los amigos del alcalde, empezaron a conformar ternas para que de ellas el señor gobernador escogiera al ciudadano que debía reemplazar al alcalde interrumpido, los opositores con dudas se congraciaban, diciendo que la justicia era ciega pero llegaba, y guardaban un prudente sigilo. En el resto de las gentes el silencio era desconcertante.
Un amanecer, cuando el pueblo observaba una calma chicha, fue despertado con atronadora pólvora y alegre música de papayera, en una fila de carros, gentes y pitos. Todo el mundo decía destituyeron al alcalde, un amigo que hacia gimnasia de madrugada, vio entre las gentes del bullicio a la familia del candidato perdedor y se acerco a felicitarlos, cuando recibe la respuesta que están celebrando el cumpleaños del negocio familiar, que ese era el motivo de la fiesta.
El desconcierto fue total, el alcalde siguió gobernando, pero cada vez con más silencio. No respondía las correspondencias que le enviaban los ciudadanos, no les hablaba a sus subordinados, no cumplía lo que el mandato de gobierno exigía.
El pueblo termino diciendo: El Alcalde no se cayó, se calló

Por: Ing. Luis Fernando Orozco Gutiérrez
Presidente ACE. Capitulo. Norte

luisforozcog@hotmail.com

EL ALCALDE SE CALLÓ

“En lo alto de la loma canta un gallo “En lo alto de la loma canta un gallo
Dice quiquiriquí y se callo” Dice quiquiriquí y se cayo”
Anti poema Anti poema

La riqueza del idioma español es infinita, lo mismo que su ortografía, razón suficiente para comprender que no todos estamos en capacidad de conocer todos sus vericuetos. La razón de que existan correctores de estilo y ortografía, hacen más llevable la pesada carga que el idioma nos impone.
Lo anterior lo explico poniendo en consideración el “anti poema”, que antecede este escrito, así:
El poema es rítmico lo son: gallo y callo, este ultimo sin tilde, porque de ser con tilde, desaparecería el verso y entonces diría que el gallo se calló, o más bien se silencio, pero callo sin tilde significa: dureza que por presión, roce y a veces lesión se forma en los tejidos y usando la “y”, sucede los siguiente:
Gallo y cayo, esta última sin tilde construyen el verso con rítmica pero cayo significa: cada una de las islas rasas, arenosas, anegadizas, el anti poema busca que cayo signifique, caer.
En conclusión: cayó es del verbo caer y calló del verbo silenciar, pero en los anti poemas se escriben ambas sin tilde y dan la sugerencia de caerse o silenciarse de acuerdo a si son con y o ll.
El cuento que a continuación voy a narrar, necesitaba de esta aclaración como sucedió con el anti poema.
I
En mi pueblo existe la manía de tumbar a los alcaldes, siempre ha sido así, no obstante que esté haciendo un buen gobierno.
Alguna vez trabajé como funcionario de la alcaldía, desempeñando un importante puesto, por lo que debía estar muy cerca del mandatario, conocía de la disposición de su gobierno por hacer cosas importantes para su pueblo y lo primordial era el afecto y cariño con que sus gobernados lo trataban y mientras más pobres fueran ellos, la adhesión sobresalía.
Sus enemigos políticos, no le perdonaban ninguna y no dormían buscando que las autoridades judiciales y de contraloría en cualquier momento produjeran el acto que lo destituyera, las oficinas de estos funcionarios vivan atiborradas de papeles donde las acusaciones y señalamientos de malversaciones del erario público, no faltaban.
Estos amigos se la pasaban en la ciudad capital, esperando la ansiada noticia del derrocamiento y para su infortunio nunca pasaba nada.
Un día al amanecer, escuche el estruendo de la pólvora, algo que solo sucedía cuando el poblado estaba de efemérides o era el día del patrono o de una virgen de la religión del pueblo, pero nada de esto ocurría, lo que hizo que tuviera que esperarme hasta que las oficinas de la alcaldía iniciaran las horas de atención al público.
Antes de acceder a mi lugar de trabajo, me tome un tinto en el café del parque, donde tuve la oportunidad como frecuentemente lo hacía de charlar desprevenidamente con los contertulios del lugar. A uno de ellos le hice como era lógico la pregunta ¿Cuál es el motivo de la celebración de la alborada? El amigo me respondió. Hoy destituyen al alcalde y sus enemigos están iniciando la celebración.
Pasaron las horas, los días y las semanas y al alcalde no lo destituían y termino su gobierno, dejando plantado a sus contendores, pero para fortuna del poblado hizo una buena administración que las gentes siempre le agradecieron.
II

Años después, se suscito un intenso debate para lograr la alcaldía, dos ciudadanos se disputaban la simpatía del electorado, la lucha fue extremadamente intensa, pero alguien tenía que triunfar.
El ganador, hizo lo contrario a lo que debe hacer un zorro político, siguió persiguiendo a sus contrincantes, los que como consecuencia iniciaron la mas férrea oposición. Cualquier insignificante acto era considerado como la más deshonrosa conducta y por su acción se llenaron los distintos tribunales con infinitas acusaciones.
Un buen ciudadano alejado de los tejemanejes de la política divisionista instaurada en el poblado, lidero el proceso de revocatoria, contemplado en el ordenamiento jurídico sucediendo dos hechos que bien vale la pena resaltar.
Un día antes de entregar el caudal de firmas recolectadas por las gentes, en reunión de los amigos de la revocatoria, se acordó guardar extremo silencio, para ignorar acciones anteriores sucedidas en actos similares, es decir se proscribió el uso de pólvora y bullicio.
Eran las dos de la tarde, la comisión encargada de llevar los folios exigidos por la ley, se presentaba en la oficina del registrador, observando de acuerdo a lo dicho un riguroso silencio, cuando de repente se inicia el más estruendoso ruido de pólvora. Los presentes no perdieron la compostura, sus caras se aterraron por lo que estabas sucediendo. Desde la alcaldía se abrían las puertas buscando al autor intelectual del suceso, cuando la sorpresa fue mayor, era los amigos de la administración imperante, que con la pólvora celebraban las vísperas del aniversario del poblado.
III

Los opositores al régimen, vivían desconcertados, pues sus demanda hechas por montones, no surtían efecto. Un día llego el chisme, que el burgomaestre debía ser suspendido por un largo tiempo y allí, fue Troya, los amigos del alcalde, empezaron a conformar ternas para que de ellas el señor gobernador escogiera al ciudadano que debía reemplazar al alcalde interrumpido, los opositores con dudas se congraciaban, diciendo que la justicia era ciega pero llegaba, y guardaban un prudente sigilo. En el resto de las gentes el silencio era desconcertante.
Un amanecer, cuando el pueblo observaba una calma chicha, fue despertado con atronadora pólvora y alegre música de papayera, en una fila de carros, gentes y pitos. Todo el mundo decía destituyeron al alcalde, un amigo que hacia gimnasia de madrugada, vio entre las gentes del bullicio a la familia del candidato perdedor y se acerco a felicitarlos, cuando recibe la respuesta que están celebrando el cumpleaños del negocio familiar, que ese era el motivo de la fiesta.
El desconcierto fue total, el alcalde siguió gobernando, pero cada vez con más silencio. No respondía las correspondencias que le enviaban los ciudadanos, no les hablaba a sus subordinados, no cumplía lo que el mandato de gobierno exigía.
El pueblo termino diciendo: El Alcalde no se cayó, se calló

Por: Ing. Luis Fernando Orozco Gutiérrez
Presidente ACE. Capitulo. Norte

luisforozcog@hotmail.com

"EL MIO"

En la década de los cincuenta, cuando apenas adquiría el “uso de la razon”, fui llevado por mis padres a visitar al abuelo materno que se había trasladado con sus hijas a Cali. El pertenecía a las familias venidas de la montaña en la diáspora que constituyo la “colonización antioqueña”, buscando tierras más al sur, en lo que hoy forman el Gran Caldas: Caldas, Quindío y Risaralda.
Cali era una bella ciudad, donde lo que más se distinguía era su clima tropical y el viento que venía del mar Pacifico por la ruta de los Farallones. La ciudad empezaba a ser asiento de los emigrantes de la violencia, que por esos años azotaba las regiones de Colombia, muy especialmente el centro del país, gentes que huyendo del terror buscaban la paz que daban las calles de la nueva urbe.
En la época referida, se distinguía el Club San Fernando y muy especialmente a Lucho Bermúdez, el gran compositor, del porro del mismo nombre e intérprete con su fantástica orquesta, de otra pieza histórica para la ciudad y su gran equipo de futbol el Deportivo Cali, la siempre eterna melodía que sirve de himno de batalla a la institución “gloriosa” como la llamamos sus admiradores: “el pachito eche”.
El ambiente de la ciudad era tranquilo, el rio cruzando la ciudad, hizo brotar del pensamiento inspirado del gran vate Eduardo Carranza, su inmortal verso de “Cali es un sueño atravesado por un rio”.
Cuando me despedía de ella, para retornar a “Mi Manizales del Alma”, me sorprendía una inmensa nostalgia, dejando atrás lo que admiraba de su ciudad, su clima y la belleza de las mujeres, acariciadas por la leve brisa del viento sobre sus vaporosos ropajes, el edificio del Hotel Aristi, al que consideraba la estructura más grande del planeta.
Fueron muchos años de ir y venir. Por la época de los juegos Panamericanos, la ciudad empezaba a ser metrópoli y el evento sirvió para ubicarla como grande en el continente, por ese tiempo culminaba mis estudios de ingeniería.
Con el cartón en la mano busque “coloca”, por todos los rincones viniendo a parar del todo a la ciudad de la que me había enamorado desde pequeño.
Como ingeniero intervine en importantes obras que sirvieron al desarrollo, buscando además con ahínco la institución gremial, de la que más tarde fui su presidente. Como director del gremio de los ingenieros intervine en innumerables acciones que enriquecieron a la colectividad y a la ciudad. Por la década del noventa fueron sobresalientes dos hechos: uno para la ciudad, el estudio de un sistema de transporte metropolitano, el otro para el Departamento y el país: la vía al mar. Hacia ya parte de la Junta de Planeación de la ciudad en representación de los Ingenieros. Debo mencionar para hacer justicia a mi colega y condiscípulo Germán Arboleda Vélez, dos veces Director de Planeación de Cali y espíritu insomne de un sistema de transporte para la ciudad. Su profesionalismo y estudio permanente han servido de manera fehaciente para que el sistema haya sido una realidad.
La carretera al Mar, llamada también Alejandro Cabal Pombo, es la más reciente comunicación del Valle con el océano, data de los años sesenta. Es precedida primero por el ferrocarril que llega a la ciudad de Cali en 1.915, después de treinta años de esfuerzos, comandados por el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros y la carretera bautizada Simón Bolívar correspondiente a la década de los cuarenta.
Como ingeniero conocí las distintas fases adelantadas por el entonces Ministerio de Obras, buscando una mejor vía, por la parte alta del Cañón del Dagua. Después de muchos años de estudios, se descartaron los proyectos del Dagua y el Calima y quedamos en que lo óptimo es mejorar las condiciones de la actual vía. La verdad es que con urgencia necesitamos mejorar la conectividad de Buenaventura el principal puerto marítimo del país con el interior y mientras más pronto mejor, lo demás va en contravía de los intereses patrios y del desarrollo de la economía que requiere de buenas vías, para su usufructo.
Como he estado alejado de la ciudad, durante el último lustro, por mi vinculación con el Norte del Cauca, tuve la oportunidad en la presente semana de conocer el MIO y debo decir con franqueza, que los caleños se han sobrado de transporte metropolitano. Recorrí sin premura los distintos corredores viales y la ciudad me parecía cada vez más bella, además la arquitectura ha sabido interpretar el deseo de un mejor espacio para todos, sentí cierta tristeza cuando pase frente el Club San Fernando, y me acorde del tango, cuando dice “se me escapa un lagrimón”, toda una historia convertida en un muladar, esperamos que el espacio libre sea transformado en un parque, será la única forma de pagar toda una tradición en que se había convertido el lugar, la ciudad lo requiere, mas sabiendo la imperiosa necesidad de aumentar las zona verde y así Curitiba, ejemplo de planificación, no sea más motivo de envidia.
Lo más significativo, ha vuelto el antiguo civismo con que se ha caracterizado al ciudadano de Cali.
Todavía hay muchos problemas al respecto que resolver, pero con paciencia y una nueva dirigencia que comprenda más íntimamente los problemas de la urbe, todo se solucionara y Cali nuevamente será la ciudad de la que nos enamoramos cuando éramos apenas unos niños.



Por: Ing. Luis Fernando Orozco Gutiérrez

Email: luisforozcog@hotmail.com