Palabras falaces y palabras sinceras
Guido Enríquez Ruiz
La palabra articulada es uno de los elementos que no sólo distinguen al ser humano, sino que le han servido para llegar al estado actual.En cada tiempo hay palabras que se destacan especialmente porque sirven para llenar ciertas especiales aspiraciones humanas o para dominar unos a otros como ha sido la costumbre principalmente desde que se estableció la propiedad privada que ha llevado a la humanidad a dos muy definidos bloques, el de los pobres y el de los ricos y que ha dado origen a expresiones como “el hombre es un lobo para el hombre”, “el vivo vive del bobo”, “el pez grande se come al chico”, “media humanidad vive de la otra media” etc.En el mundo de hoy “la paz”, “el pueblo”, “el medio ambiente”, “la democracia”, la libertad”, la seguridad”, “la justicia”, “lo bueno”, lo malo”, “la ética”, “la patria” y otras palabras y expresiones sirven a unos para engañar a la gente y explotarla, como está pasando en Colombia, y a otros para desahogarse hablando, en cantidades oceánicas, de todos los problemas para tratar de resolverlos, claro que inútilmente, desde un escritorio, una tribuna o un micrófono.Mientras tanto, la corrupción crece más en el mundo y especialmente en algunas partes, como en nuestro país, en donde diariamente los gobernantes, casi todos, se desgañitan hablando al pueblo de cosas que ni ellos mismos saben en realidad.Cómo será el abismo de corrupción en que ha caído Colombia que el propio gobierno cree que está obrando bien cuando el país va al colapso y el pueblo al colmo de la miseria; y aún pretende la rosca que gobierna, con ese autoengaño, perpetuarse en el poder. Es el colmo de la decadencia.En las relaciones políticas la palabra le ha servido al hombre más para el engaño que para la verdad como lo han confesado los expositores y tratadistas desde muy antiguo. Leamos, por ejemplo, a Jenofonte, a Platón, a Aristóteles, a Marcial, a Quintiliano; pasemos a Maquiavelo, a Bacon, a Montesquieu y lleguemos a nuestros días con Chomsky, Saramago o Pepe Rodríguez.Es necesario que aprendamos a pensar o aún a ver, a juzgar, para que la prensa escrita, la televisión, el radio, el internet y otros elementos auxiliares de la comunicación pasen por el tamiz de nuestra inteligencia y criterio y no “traguemos entero” dejándonos engañar miserablemente. Que la palabra sea de entendimiento, de amabilidad, de aprendizaje del bien y no de opresión, engaño y perfidia. La paz y la justicia no se hacen con balas ni con cuchillos, ni con narcóticos, ni con mentiras, ni con dictaduras inhumanas, ni con insultos, ni con demagogia, sino con palabras sinceras y con hechos humanitarios y altruístas. Que el don de la palabra sea para todos el vehículo de entendimiento sin explotación, que nos lleve a la verdadera felicidad.
guidoenriquezruiz@hotmail.com
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